KKROENERT en el Tercer Reich y el tiempo de posguerra

En los años 30, la economía mundial vivió por fin el auge largamente deseado. En Alemania, la llegada al poder de Adolf Hitler va acompañada de cambios transcendentales: Tras una inicial bajada del número de desempleados y subida del nivel de vida, el país se dirige de forma imparable hacia la guerra. La libertad de prensa es abolida, entran en vigor las leyes de Nuremberg sobre la separación de judios y arios, y el 1 de septiembre de 1939 empieza la Segunda Guerra Mundial con la invasión alemana de Polonia. Hasta la rendición incondicional de Alemania en 1945, el país se encuentra inmerso en el mayor conflicto militar de la historia.

El triste balance tras la guerra: 50 milliones de muertos, de los cuales 5 milliones en Alemania. La mitad de todas la viviendas está destruida, las ruinas y los refugiados son la imagen de cada día. Alemania está dividida, la situación de abastecimiento es de emergencia. No es hasta finales de los años 40 que el país se recupera lentamente de las consecuencias de la guerra. Se consituye la República Federal de Alemania, con la nueva capital en Bonn. El marco alemán sustituye al reichsmark y frena la inflación. Por fin vuelven a haber inventos que nada tienen que ver con el armamento, p.ej. la cámara polaroid, el elepé y el velcro.

Gracias al auge general a mediados de los años treinta, la situación económica en la fábrica de maquinaria Max Kroenert vuelve a ser por fin estable. Poco a poco, la empresa se da a conocer como especialista para la construcción de máquinas para el converting de papel, bajo la dirección de Hans-Jens Meyer.

El comienzo de la Segunda Guerra Mundial frena nuevamente todos los planes de futuro, en vez de máquinas para el converting de papel, se deben fabricar nuevamente productos armamentísticos. Pero Hans-Jens Meyer está decidido de guiar la empresa también a través de esta crisis. Se fabrica casi exclusivamente para las fuerzas armadas alemanas y para responder a este volumen de pedidos hasta se amplian las capacidades de producción y se construye un nuevo edificio con refugio antiaéreo.

Pero el ambiente laboral va de mal en peor. Casi todos los trabajadores cualificados están en el frente, entre los trabajadores restantes, aparte del descontento debido al aumento de trabajo y trabajo por turnos, se extiende también el miedo a la Gestapo. Este miedo llega a su máximo nivel, cuando Hans-Jens Meyer y uno de sus maestros son realmente detenidos por la Gestapo: un antiguo trabajador, enfadado por su despido, los había denunciado. Afortunadamente, ambos son liberados el mismo día.

En julio de 1943 ocurre finalmente, lo que era previsible. La fábrica de maquinaria Max Kroenert es alcanzada durante ataques aéreos por varias bombas incendiarias y explosivas. Los edificios principales y varios almacenes se queman hasta los fundamentos, otros edificios están fuertemente dañados. Dado que la empresa es considerada importante para la guerra, gracias a la producción de granadas, la reconstrucción es organizada rápidamente. Y Hans-Jens Meyer tiene suerte en la desgracia: Las máquinas en el departamento de rodillos engomados no han sufrido ningún daño.

Meyer ve aquí la oportunidad de volver a encaminar su empresa al ramo original. Otras empresas manipuladoras de caucho no tienen capacidad de producción, y así, aparte de granadas, la fábrica de maquinaria puede por fin volver a fabricar rodillos engomados.

Con la capitulación de las fuerzas armadas alemanas termina la guerra, pero para la fábrica de maquinaria, esto al principio apenas significa una  mejoría de la situación. La fuerza de ocupación británica desmonta las máquinas y les prohibe a los empleados el acceso al recinto de la fábrica. La infraestructura y las redes de comunicaciones en Alemania están destruidas, faltan materiales de construcción y debido a los muchos caídos también mano de obra.

Nuevamente Hans-Jens Meyer demuestra su fe inquebrantable en el éxito. Acondiciona los edificios más importantes con contribución propia y la ayuda de los pocos trabajadores que quedan, y empieza a fabricar máquinas para el cierre de latas y cortadoras de tabaco para la demanda actual. Paralelamente retoma el contacto con antiguos clientes y en 1946/47 puede volver al campo de actividades inicial. Finalmente se reanuda la venta internacional de máquinas impresoras y rodillos de dibujo.